jueves, 14 de enero de 2010

Una identidad que es una creencia es falsa

El pilar del error es la creencia de que yo soy mis ideas, una mente y un cuerpo concreto al que le suceden cosas buenas y malas. Las buenas son las que yo creo e interpreto que quieren decir que soy afectuoso, fuerte, capaz, inteligente, importante, que estoy atesorando algo. Y las malas las que interpreto que dicen que soy antipático, torpe, estúpido, poca cosa, que estoy perdiendo algo. Esas ideas que para nosotros son tan importantes, las damos por sabidas, por buenas, si lo pensamos un poco nos daremos cuenta lo poquísimo que nos hemos planteado en profundidad el valor de esas creencias.

Al vernos sumergidos nosotros mismos como una idea más en nuestra mente hemos vivido en la confusión y en la desatención, nos hemos vivido en el “yo como creencia". Si realizamos una investigación seria y sincera sobre estas creencias las podremos reconocer en la base de todo el sistema de pensamiento personal, tambaleándose de esta forma por primera vez toda esta estructura más vistosa y superficial de prejuicios, de justificación de modos de hacer, de excusas, de modelos, donde se apoyan los deseos y los miedos, causa de toda la problemática humana.

A la luz de esto hay que investigar sobre aquello que hemos creído ser, distinguir entre “cuál es mi modo de hacer” y “qué soy yo”, para poder abordar la diferencia esencial entre cuales son mis comportamientos como individuo social, y que soy como expresión existencial. Para eso hay que empezar dudando de lo que siempre he creído ser, porque para mí, la creencia deja de tener tanto valor frente a la comprensión de “que soy” en primera instancia, y la vivencia atenta de “lo que soy” como última instancia.

Empezamos de nuevo a reeducar este sistema llamado en su conjunto mente, comprendiendo que la creencia es uno más de sus mecanismos, pero que no dice nada de mí, y Yo quiero saber lo que soy realmente. Tras la comprensión profunda de “que es la creencia”, dejaré de creer y desapareceré, me esfumaré, pero desapareceré “yo como idea” para dar paso a la vivencia de “yo como sustancia esencial de la existencia, reflejo de la Realidad”. ¿Qué clase de identidad era esa que creía tener que en cualquier momento puedo hacerla desaparecer?


jueves, 24 de diciembre de 2009

Los pequeños retos de la vida cotidiana encierran los secretos del cielo

La vida en su totalidad, en lo más cotidiano, es mi práctica y mi maestro. A todo lo que ella contiene prestaré todo mi amor y mi atención. Especialmente a lo más inmediato; lo más sencillo; lo que más apremia; lo que mi intuición claramente me muestra aunque no quiera escuchar. Resolveré todos los pequeños detalles del día a día; esos pequeños sentimientos que no hago caso; esos pequeños retos que ignoro porque digo que no son nada; esas modestas relaciones con las personas, sean o no de mi círculo íntimo. Me aproximaré cada vez más a cada una de ellas, no porque me dirija hacia ellas, sino porque dejo de distanciarme.

Procuraré no aislarme con ninguna estrategia, ni seguir prácticas que se separen de lo que en sí es mi vida. Mi vida necesita cohesión, no fragmentación. Una cierta dosis de decisión y valor personal me hará falta, no maestros ni maestrillos que no tienen nada real para mí. Si tuviera suerte celestial, quizás en mi vida se cruzara algún ser que me sirviera de ejemplo por su sincera honestidad. De esa que no hay ninguna duda y se siente en el Alma. Honestidad que no sale de la boca, sino de todos sus actos. Si fuéramos tocados por esa gracia, el trabajo no dejaría de ser nuestro, aunque un sol resplandeciente nos cobijara.

La respuesta a esos pequeños detalles y retos del día a día van transformando casi inadvertidamente mi acción en la vida. En su momento, generarán una masa crítica en la que se dará de forma súbita, pasos de gigante. Si he cultivado los detalles de lo cotidiano, la vida y la fuerza de la misma se pondrán a favor por su cauce natural, y el coraje necesario para los grandes problemas brotará en cantidades suficientes para que sean resueltos definitivamente.


domingo, 8 de noviembre de 2009

Saber valorar la situación real


Las personas se sienten mal, y no saben qué hacer. La angustia va en aumento, y buscan desesperadamente soluciones. Alguien les habla de la espiritualidad y de libros que traen respuestas. Pero ¿realmente esas respuestas llegan en el momento adecuado, o quizás necesitamos otras menos ambiciosas y más prácticas?

Cada persona está en un punto de su camino como ser humano de este mundo. Cada uno está preparado para ir encajando unas experiencias y aún no lo está para otras. Hay una fase en que la persona lee y lee, comprende intelectualmente, pero sufre porque lo que le piden esos libros está fuera de su alcance, no lo puede realizar y se siente culpable. Eso es muy frecuente, tras la euforia inicial, la realidad te alcanza y te derriba de un estacazo.

La naturaleza humana establece unas normas de coherencia en la que aquello que se intente madurar mentalmente debe de acompañarse de una maduración afectiva y una maduración vital. Sólo el desarrollo completo e integral encierra una sólida estabilidad. Quizás se deban de dar unos pasitos hacia atrás para situarse ahí donde sí puede hacerse algo. Hay que partir de aquel punto de maduración humana en el que nos hemos quedado y reanudar el crecimiento. Pero esta vez con una ventaja de valor incalculable. Reanudar el desarrollo como persona pero de forma consciente, no tan solo mediante el azar y los tumbos que nos da la vida.

Superar miedos, romper distancias entre las personas, realizar sueños, etc. Plantar cara a aquello que le tenemos gana. Hay que preparar el alma al nivel más básico, para que esta pueda continuar su camino, para que pueda asumir la trascendencia. ¿Cómo se le puede pedir que viva el Presente si la angustia por el pasado le atormenta duramente? ¿Cómo se puede exigir un gozo superior cuando no se conoce vivamente el gozo mundano? En los tiempos que corren, una satisfacción superior y trascendente exige para su estabilidad una experiencia vital y afectiva suficientemente sólida.

Que nadie se desanime. Potencia la sinceridad contigo mismo y sabrás tarde o temprano cual es el siguiente paso. Pero no esperes un momento en el que te podrás tumbar a la bartola y vivir de rentas. Mayor conciencia exige mayor consecuencia, pero eso sí, también mayor belleza y gozo.



sábado, 24 de octubre de 2009

Lo fundamental es como resuenan las palabras en ti

Todo lo que una persona pueda decir, ya está dicho, lo único es que tenemos mala memoria. El que crea que lo que puede decir es nuevo, está entre un iluso y un necio. La importancia no radica en lo que se dice, sino en lo que se siente, y que además ambas cosas coincidan. Hay almas en pena que han dicho cosas maravillosas. Hay locos que parecen tener una lucidez muy certera. ¿Cómo puede ser? Es porque lo fundamental es como resuena en tu mente y en tu corazón, no de dónde vienen las palabras.

Para nosotros debería importar mucho que lo que se diga haya sido digerido lo mejor posible, y que apunte a lo único importante: Traer a la práctica el estar pleno y satisfecho y que se mantenga lo mejor posible, sin buscar ser infalibles. ¿O quizás a alguien se le ocurre algo más importante? No dejar espacio al sufrimiento psicológico y dejárselo todo a la expresión total de uno mismo, en el grado que sea. No es cuestión de cantidad, sino de calado.

Cuesta un poco de ver, pero no se puede avanzar hacia ningún sitio, y nadie puede estar más avanzado que nadie desde el punto de vista del Presente. Desde el Presente todos estamos en el mismo sitio ya que en él, el progreso es algo de lo más irrelevante. Los puntos de vista relativos de la mente liada en el pensamiento no lo pueden comprender. Sólo lo podemos Sentir. Lo único que podemos hacer es preparar nuestro cuerpo y nuestra mente para que aprenda a vivir el Presente.

Pero algo tan sencillo no se realiza con facilidad porque no se intuye con suficiente impacto que esto es así. Que en el Presente todas las respuestas y todas las demandas son cubiertas de un plumazo. Que te tronchas de risa de cómo podías estar aturullado con cosas tan estúpidas. Pero esto solamente se ve con nitidez cuando tu mente se calla y tu ser está completamente expectante en el Instante. Aunque luego te despistes del Presente, has quedado marcado para siempre. Tarde o temprano aprendes a entrar con facilidad. En este punto, hay que entrar todas las veces que puedas, y cada vez más el cuerpo va aprendiéndolo.

domingo, 20 de septiembre de 2009

¡Estalla de júbilo por lo que ya Eres!

Te sientes afligido y buscas cobijo en algo que llamas espiritualidad. Pero el sosiego que aparece es fugaz, muy frágil, condicionado a los nuevos ideales que apuntaban ser más verdaderos. Buscas y te crees que vas encontrando, pero es engañoso. Nada puede encontrarse, nada se ha perdido.

La espiritualidad no es más que otro de los penosos inventos del ser humano por huir de su desesperación. Una idea más para mantenerte en la ilusión. Una idea más para manipular a los demás o para sentirse pastoreado. Y si no había bastante confusión, ahora añades dioses, ángeles, demonios, idolatría y un sinfín de fantasías que acabas por creerte. Admites que todos saben más de ti que tú mismo. Que algo o alguien pueden darte alguna cosa que no tengas realmente. Una triste y torturadora idea.

Se entiende esta actitud del ser humano. Es el miedo y la necesidad confusa la que alimenta sus acciones. Buscamos felicidad pero nuestra guía es la desesperación. Queremos alimentarnos sin preocupación, pero no sembramos ni un ápice en tierra fértil. Despilfarramos nuestra energía en cualquier cosa menos en lo que hay Ahora, sea lo que sea.

Nada puede ser genuino si no permites que brote de tu propio corazón.


Nada puede ser solido si no se dinamiza desde tu propia alma.


Nada puede ser cálido y reconfortante si no nace Ahora mismo, en este preciso instante.


Nada puede fructificar si no se siembra Aquí mismo, estés donde estés.

Nada puede salvarte si no sientes cada gesto, cada aroma que emana de ti.

Cada vez más sensible; parpadeo tras parpadeo. Más delicado; caricia tras caricia.

¡No dejes de sonreír! ¡Estalla de júbilo por lo que ya Eres!

jueves, 3 de septiembre de 2009

El pensamiento te traiciona, la Realidad nunca.

¿En qué idioma piensas? El pensamiento ordinario es un diálogo mental. ¿Qué ocurriría si te quedaras sin pensamiento? Entrarías de forma directa a la Realidad.

Cuando piensas no estás en el Presente. Cuando estás en el Presente, no piensas. Si no estás en el Presente permites que haya monotonía, sufrimiento e insatisfacción.

Si sacrificas el hábito de pensar, la Vida se hace fresca, profunda y alegre.Tan solo es un adiestramiento. No necesitas filosofías ni religiones. La única dificultad radica en comprender realmente que esto es así.

El cuerpo es sabio. Deja que el memorice aquello que necesitas aprender. Usa la mente para que se refleje la Belleza. No la ocupes de pensamiento y te mostrará en tu propia piel lo que es Vivir en Realidad.

Cuando piensas preparas las críticas para los demás y para ti mismo. Esto siempre es así por muy coherente que seas. ¿De qué tienes miedo? El pensamiento te traicionará siempre, la Realidad nunca.

Siente la planta de tus pies enraizadas en la tierra. Libera tu vientre para que la respiración te llene de gozo. Mantén erguida tu espalda y mira al horizonte. Escucha. Atiende. Abre el campo de tu visión y deja que lo que ves penetre en ti.

Sonríe al pensamiento y abandónalo cariñosamente. Ya tienes la llave para la Realidad. Deja que plante sus raíces, una y otra vez.

Si eres firme, la Plenitud será Aquí y a partir de Ahora tu patria.

sábado, 29 de agosto de 2009

El gozo de Ser

El sufrimiento biológico no puede ser eliminado ya que es natural. Una patada duele, y si es fuerte y te rompe la pierna, te hará sufrir. Pero eso no te tiene que hacer infeliz, ya que la felicidad o infelicidad depende de los estados psicológicos, no físicos. Te puedes cabrear y desatar energía en un enfrentamiento porque tu temperamento lo requiere y se trata de supervivencia o de gustos personales, pero ese genio expresado no tiene porque coincidir con un estado interno de infelicidad del individuo, no tiene porque haber ira u odio.

El dolor que provoca el sufrimiento psicológico sí que puede ser erradicado en distintos grados e incluso por completo. Ese dolor proviene de la identificación de la conciencia con los estados psicológicos, las ideas y el pensamiento. El individuo cree que el es lo que piensa y cuando esas ideas son atacadas o frustradas y no se pueden cumplir, sufre por ello. Aparece la ira y el odio. No puede ser feliz porque se siente incompleto, no alcanza aquello que cree que necesita para estar pleno. Su mente se mueve en la periferia, en el espacio de las ideas, y el creador de las mismas es olvidado. La mente está desconectada en gran parte de su raíz, del milagro del reconocimiento vivo de la consciencia.

Vibrando, continua y permanentemente está el gozo de ser. Es algo que cada uno puede comprobar ya que siempre está ahí y pertenece a tu naturaleza, a lo que eres. Ese gozo sobrepasa en calidad, forma y calado a la vulgar euforia de sentirse feliz. Puedes aprender a conectarte a ese gozo inherente de la conciencia si descubres como enfocar tu atención en él, y dejas que tu cerebro y mente desarrolle el hábito de hacerlo.

Al estado primordial de gozo se superponen todos los demás estados. Alegría-tristeza, euforia-depresión, felicidad-infelicidad, satisfacción-insatisfacción. El Arte está en aprender a experimentar directamente desde tu estado primordial y de ahí abarcar todo los demás estados inferiores. Cuando el foco está reconocido y centralizado, la intensidad del resto de estados queda eclipsada por la vibración fundamental de la conciencia, que es gozo continuo, sin interrupciones, sólo parece no estar cuando tu atención se despista. Tú te despistas, pero el siempre está ahí vibrante. Cuanto más estás con Él, más Él está contigo.